Sexualidad en mayores

Sexualidad en mayores

Sexualidad en mayores

Hace un par de semanas participaba en una conversación acerca de la sexualidad en mayores. No son pocas las ocasiones en que se escucha que los mayores no tienen “sexo”, que ya no están para esos “trotes” o que ya se les ha acabado el “disfrute” en la intimidad; incluso hay quien afirma que es de mal gusto que expresen en público gestos de afecto y deseo. Pero, ¿realmente todo esto es así?

Suele ocurrir que se asocia la idea de sexo con la idea de genitales, de forma que hoy en día al hablar de sexo se entiende que es algo concerniente a los genitales y poco más. Y con esta visión reduccionista se puede pensar que si la etapa reproductiva ha finalizado, ya no hay más que hacer. En efecto, en cuanto a la reproducción no hay nada más que hacer, pero sólo en cuanto a la reproducción. Como dice Amezúa: “Sexo, placer y reproducción: tres conceptos, y no dos”. Y es que desde el hecho sexual humano resulta que el sexo no se tiene ni se hace; el sexo se es. La sexualidad es el modo en que nos vivimos como sujetos sexuados. Todo lo que somos es fruto de nuestro proceso de sexuación y nunca se puede dejar de ser sexuado: es algo que indiscutiblemente va con el ser humano.

La erótica son los deseos, por los cuales mujeres, hombres y mujeres y hombres se atraen, tienden a buscarse y encontrarse. Estos deseos se expresan y se materializan en los encuentros entre los sujetos, es decir, en su amatoria. Las expresiones eróticas son infinitas, ricas y variadas, y el coito es una de las formas de encontrarse, podemos decir, incluso, que de las más populares; pero no es la única.

A mitad del siglo XX los célebres sexólogos Masters y Johnson se propusieron estudiar la amatoria sobre un modelo de observación fundamentalmente humano y no animal, en el marco del hecho de los sexos. Entre otras cuestiones, observaron con sus estudios sobre la denominada respuesta sexual humana que las cuatro fases (excitación, meseta, orgasmo, resolución) varían tanto en la mujer como en el hombre al envejecer. Con la edad se producen cambios hormonales, estructurales y fisiológicos, por lo que puede ocurrir que las erecciones en los hombres sean distintas y que la lubricación en las mujeres no sea la misma que en etapas anteriores. Como sabemos, el envejecimiento suele caracterizarse por un enlentecimiento generalizado de las funciones. Pero estos datos no significan que no se puedan tener encuentros eróticos gustosos.

Es importante visibilizar que somos sexuados durante toda la vida. Los mayores son dignos de disfrute como cualquier sujeto en cualquier otra etapa del ciclo vital y, ni que decir cabe, que pueden seguir teniendo encuentros eróticos satisfactorios. También puede ser una buena etapa para conocer más profundamente la erótica, la amatoria e incluso indagar en otras cuestiones que les atañen como sexuados y que en otros momentos biográficos tal vez no exploraron. Ningún cuerpo es igual que otro ni envejece igual, por lo que las vivencias de cada cual tampoco serán las mismas. Son muchos quienes sospechan que la sexualidad es mucho más que una asignatura que sacar, y se inclinan por una sexualidad de caminos que recorrer, frente a una de metas que cumplir. El cultivo de los deseos, la amatoria, las fantasías y, en definitiva, del sujeto sexuado, puede dar a las vivencias sexuadas otro sentido, tanto de forma individual como compartiéndose en pareja.

                                                                                                                                                                                          Ana Sabater.

Referencias bibliográficas:
-Amezúa, E.(1999).Teoría de los Sexos: la letra pequeña de la sexología. Revista Española de Sexología;95-96. Instituto de sexología Incisex, Madrid.
-Belliveau, F. y Ritcher, L.(1974). La inadaptación sexual según Masters y Johnson. Planeta, Barcelona.
-Gray, P.B. and García, P.R. (2012). Aging and sexual behaviour: biocultural perspectives. A mini review. Gerontology, 58:446-452.

Ana Sabater

Soy sexóloga. Me formé en el Instituto de Ciencias Sexológicas (Incisex)-Universidad de Alcalá (Madrid), fiel a la Teoría de los Sexos de Efigenio Amezúa. Mi curiosidad intelectual me llevó hasta esa casa, y fue una gran experiencia, tanto por los conocimientos adquiridos sobre la disciplina sexológica como por toda la gente que conocí.

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