¿Infidelidad?

¿Infidelidad?

¿Infidelidad?

Esto de la “infidelidad” o de “tener una aventura” no es un tema novedoso. Si bien es cierto que hoy en día se han creado diferentes negocios que invitan a ser “infiel” a la pareja, algunos de sus supuestos atractivos es que garantizan discreción para no poner en peligro la relación de pareja. Pero, ¿qué es una infidelidad?, ¿un beso?, ¿una penetración? o ¿tal vez tomar un café con otra persona distinta a la pareja?

La infidelidad es un concepto creado por los seres humanos en un determinado momento de la historia. En un principio, el infiel era el que no tenía fe o profesaba una fe diferente. Actualmente, y en el ámbito de la pareja, se refiere a la ruptura de un pacto de exclusividad, ya sea explícito o implícito. Este pacto puede tener muchos matices, pero suele hacer referencia al ámbito de lo genital y/o al de lo afectivo.

Como sexóloga, en diversas ocasiones me han preguntado si es posible ser infiel por naturaleza, a lo que no puedo evitar responder con una pregunta: ¿qué hormonas o genes podrían estar implicados para que alguien fuera infiel de manera sistemática? Evidentemente, es difícil dar una respuesta a esta pregunta, ya que la infidelidad no se trata tanto de un tema biológico sino de un tema de alejamiento de la propia moral.

En algunas relaciones surgen dificultades o problemas sexuales (o sea, entre los sexos) que tienen que ver con las rutinas. A veces con hablar del tema no es suficiente y no se consigue solucionar. Suele ocurrir que el siguiente paso es la evitación de lo que no marcha y entonces, además del problema que ya hay, surge otro: el distanciamiento. En ese distanciamiento pueden (o no) surgir otros deseos, es decir, una búsqueda de placeres que tienen que ver con otro u otra, así como nuevas ilusiones y fantaseos.

Pero, exista rutina o no en la pareja, en el mundo de las relaciones de los sexos es común que surja deseo erótico con otras personas. Se suele dar en muchas parejas estables; sin embargo, lo que cambia es la manera de afrontar ese deseo. Hay quien lo reprime y se decanta por trazarlo por la vía de la fantasía, hay quien lo asume y pacta con su pareja encuentros con otras personas, ya sea en pareja o de forma individual, y hay quien encuentra otras tantas maneras de gestionarlo.

En ocasiones, los pactos entre las parejas se rompen. Puede ocurrir por no clarificar los detalles, por establecer acuerdos que no son realistas, o incluso por los distintos significados que cada cual atribuye a lo relacionado con la sexualidad, erótica y amatoria en los diferentes momentos biográficos. Cuando esto ocurre, vienen a la cabeza las dudas, los sentimientos de culpa y los replanteamientos entorno a la pareja y la otra persona. Imaginar la vida al lado de esa otra persona puede ser idílico, ya que en la imaginación no solemos incluir toda la retahíla de cosas cotidianas, ni la “mochila” que el otro lleva detrás de sí en realidad. Esto puede ser trabajo, familia, hijos, problemas de salud o la cosa más tonta del mundo como, por ejemplo, los ronquidos (bueno, tonta para quien no padezca a alguien roncando a su lado).

Las parejas se van construyendo a lo largo del tiempo, con todas esas cosas que se viven en el día a día. Es esa peculiar forma de ser pareja que les hace ser de una manera, con sus propios caminos, sus pactos y sus particularidades. Lo que hace que una pareja se haga o se deshaga es muy diverso. Algunas personas se juntan porque disfrutan como amantes, otras porque comparten intereses, hay quienes lo hacen por no estar solos y otras tantas por distintas razones. Del mismo modo, hay parejas que se deshacen porque no se aclaran como amantes, porque no comparten ya intereses, etc. Brevemente: cada cual entiende lo que es importante en una relación de pareja.

En definitiva, el deseo suele cambiar a lo largo del tiempo. Como ya he repetido en otras entradas, no hay una forma única de ser sexuado ni de estar en pareja. Cuando surgen dudas y malestares entorno a potenciales o reales relaciones fuera de la pareja, es recomendable replantear qué es lo que se busca en la relación de pareja, así como encontrar la vía para gestionar esos deseos que han surgido, desde la realidad que se está viviendo.

 

Ana Sabater.

Ana Sabater

Soy sexóloga. Me formé en el Instituto de Ciencias Sexológicas (Incisex)-Universidad de Alcalá (Madrid), fiel a la Teoría de los Sexos de Efigenio Amezúa. Mi curiosidad intelectual me llevó hasta esa casa, y fue una gran experiencia, tanto por los conocimientos adquiridos sobre la disciplina sexológica como por toda la gente que conocí.

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